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  • Somnífero Zapatero

    No dormir nos enferma. La falta de sueño causa irritabilidad, ansiedad, obesidad, diabetes, ojeras y nos impide controlar nuestras emociones. No lo digo yo, lo dice un estudio conjunto de la Universidad de California y la Escuela de Medicina de Harvard. Esperar despierto hasta más allá de la medianoche para ver una entrevista con un presidente del Gobierno podría entenderse, por tanto, como una invitación al insomnio.

    zapaterobuenafuente.jpgPues resulta que no. Ver una entrevista con José Luis Rodríguez Zapatero en la madrugada es más letal que meterse en el cuerpo de un solo golpe un bote de Orfidal, una botella de Jack Daniels y un pico de caballo. El insensato telespectador correría un gravísimo riesgo de padecer narcolepsia, viviría el preludio de una apnea de hipopótamo. Porque Zapatero, amigos lectores, es un tueste de persona.

    Lo que no significa que sea un mal presidente. Ni un buen presidente. Sino todo lo contrario. Significa simplemente que Zapatero no es un cascabel. Y que entrevistarle en un programa como el de Buenafuente, consagrado al humor, era un reto de proporciones bíblicas. Tanto como para verse obligados a aderezar las intervenciones presidenciales con… ¡risas de lata!

    La entrevista estaba grabada: Buenafuente no charló con Zapatero por la noche en el plató de su programa, sino en Moncloa por la mañana temprano. Uno a cero para el presidente. Como quiere dar a su programa un ambiente familiar, recuerden que su sobrino Berto se ha convertido en su mano derecha, Buenafuente debió pensar que para potenciar esa sensación íntima y coloquial nada mejor que entrevistar a Zapatero, su residente. Es decir, el de La Sexta. O sea, su mano izquierda.

    Así las cosas, la primera entrevista que el Presidente concede a La Sexta resultó francamente decepcionante. Demasiado seria, muy formal, excesivamente rígida, tremendamente política para lo que es el programa de Buenafuente. Zapatero se encuentra a años luz de Chiquito de la Calzada (a nivel humorístico, me refiero), pero seguro que guarda algo de chispa en sus
    entrañas. O puede que no. En cualquier caso, Buenafuente no pudo, o no supo, encontrar ese lado más humano, menos adusto: los chistes los hizo en el monólogo que abre el programa. Sin presidente. Después, risas de lata.

    “Imagino que vendrías en cercanías”, dijo el presidente a Buenafuente ante su retraso al llegar a
    la cita. Buen chiste inicial. Y final. Inmediatamente después Zapatero se sumergió en su espeso discurso político habitual con una descripción pormenorizada de la crisis con Chávez. Para seguir con otras historias largas, espesas y aburridas que Buenafuente no fue capaz de reconducir. Algunas tan fascinantes como esta apasionada defensa de los frutos secos: “Tengo que decirte que me encantan los frutos secos. De hecho tengo almendras por todos lados aquí en Moncloa… Yo recomiendo los frutos secos. Siempre que tengo algún consejo de Ministros o algunas reunión, frutos secos…”.

    En resumen: una entrevista de 33 minutos como la que le podrían haber hecho Piqueras o Milá, sólo que a altas horas de la madrugada y con risas de lata. Mi suegra se quedó dormida en la segunda pregunta. Yo no, porque estaba trabajando.

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