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  • El loro de Alfonsín

    Hace unos días me enteré de la existencia de una pastilla que hace que los fumadores dejen de fumar. Estoy hablando de gente que quiere dejar de fumar, no de los convencidos que fumar provoca cáncer, que son como esos que creen que si te ponés bizco un día de mucho viento, te podés quedar bizco para siempre. Es decir, no estoy hablando de animistas sino de personas que quieren dejar de fumar porque están cansados de fumar, porque se despiertan con la boca pastosa, porque los pulmones, si respiran profundo, silban como un fuelle roto… en fin, personas que no parlotean como loros, que no dicen el cigarrillo produce cáncer, que Alfonsín resultó un gran estadista, que Menem era corrupto, que Pinto se la come, que Kirchner es la sal de la vida, que las Malvinas son argentinas (siempre fueron británicas) o que Ezra Pound era fascista.

     

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    Estoy hablando de personas, no de loros. El loro es hablado por la publicidad, la estupidez, los noticieros, las noticias. El loro es el tipo que –para poner un ejemplo– dice que no todos los policías usan gorro, y se queda tranquilo (y esconde el gorro). Las personas, muchas veces también, pero en ciertos casos no, el inconsciente no la tiene tan fácil.

    Bueno, la cosa es que después de un asadito empezó una pelea entre loros y personas, de la que no participé porque jamás en mi vida fumé. Soy una persona (y a veces un loro) sin vicios, no tengo vicios, no tuve vicios, y como soy modesto nunca hablo del largo ni del grosor de la poronga mía ni me inmiscuyo en temas que ignoro. Pero me llamó la atención lo de la pastillita y pregunté. Sí, es como esa que te saca la timidez, dijo una glotona que seguía masticando mientras unos decían que la pastillita hace efecto un tiempo y después volvés a fumar, con más ganas, más pasión y cero culpa, y los que decían que sí, pero que a fumar afuera, que hay chicos y que pastilla ni un carajo: afuera … lo curioso era que estábamos afuera, en un parque arbolado.

    Los fumadores que quieren seguir fumando se juntaron a un costado con los que no quieren seguir fumando pero todavía no empezaron con la pastillita y yo me quedé entre los loros, algunos ex fumadores.

    Entonces arranqué la filípica, que nuestros chicos, que el hambre, que el paco, que en un escenario como el que observamos, vacío de palabras, vacío de ideas, donde no hay partidos políticos sino concertaciones, donde la gente de la cultura se preocupa por ver si continúan sus festivales y no si se mueren los tobas de Chagas y juntan firmas con objetivos ridículos en vez de decir fuerte, a los gritos: ¡no queremos familias durmiendo en la calle, no queremos ministros chorros, no queremos pedantes hablándonos del PBI mientras la gente no puede comprar papas, no puede comprar tomates, no puede comprar arroz, no puede comprar arroz partido, ¡no puede!… y ustedes ocupándose del precio de los cigarrillos y si este año habrá o no festival de cine. Por favor. Los loros escuchaban, silenciosos, al contrario que los loros, pero es que era tan cierto lo que decía que alguno amagó pero como nadie acompañó (son bandadas de loros), se quedó en el amague en lugar de decir, “che, tío, ¿no podrás dejar de hablar giladas?, ¿qué nos viste, cara de boludos?, así que seguí, total… que Alende, que el maestro Alfredo Bravo, que Augusto Conte, que Alfonsín, Alfonsín, sí señor, a quien le debemos la incorporación a nuestro lenguaje de varias palabras como democracia y derechos humanos, y si se lo critica porque tuvo que negociar con Aldo Rico, bueno, hay que entender, fue por el bien de todos, y si tuvo que negociar con Duhalde, también fue por el bien de todos, de la patria… o acaso Kunkel no cerró un acuerdo con Rico también? Alfonsín negoció para que no volvieran los milicos, viejo, pero claro, como ahora está de moda pegarle, decir que está viejo hecho un viejo choto, que toma Rutini, ¿y qué quieren que tome, tetrabrik?

    En una de esas se sentó el Cholo. Es una pena, dijo el Cholo, es una verdadera pena, Argentina es un país de insulto fácil, todos son asesinos, todos son corruptos, todos son narcos, los canas son todos asesinos… ¿qué querés que te diga?, ¿cómo decirlo?, me hacen acordar a esos machistas que dicen todas las minas son putas, menos mi vieja y mi hermana.

    Y cuando la cosa llegó a ese punto, se sentó otro, Ricky, con autoridad de patotero de asamblea, prendió un faso, impune y echó, despacio, el humo sobre el silencio de los loros, desafiante: acá lo que nunca se dice, lo que no quiere entenderse es que desde 1983 hasta que llegó Kirchner, durante veinte años, ¡veinte años!, el peronismo estuvo situado a la derecha del proyecto alfonsinista. El peronismo, cuando Alfonsín era gobierno, se dedicó a boicotear cuanto proyecto tuviese algo de progresista, empezando por el aval a la autoamnistía militar, siguiendo por la ley de democracia sindical, la solución de los conflictos con Chile, el seguro nacional de salud, la ley de divorcio… y ni hablar de la década menemista, ni hablar (ya estaba cebado, ordenó a los gritos unos mates y dale que va): el peronismo, sí, el peronismo avaló el saqueo del estado, la política de indultos, no sólo a Videla y compañía, también a los carapintadas, y justificó la identificación plena con el Vaticano y la destrucción de todas las conquistas sindicales. El peronismo fue el que armo alianzas con lo peor del liberalismo procesista, con los golpistas contra la democracia (¿o qué mierda era Aldo Rico?) y hasta con Patti, el torturador, Patti. El silencio se hizo hondo, profundo. Ergo, dijo Ricky, la política del peronismo durante los primeros veinte años de la democracia, no sólo estuvo a la derecha de Alfonsín sino incluso del Papa, quien al menos, y no importa por qué, condenaba las políticas liberales. Y paráparáparápará!!!!, porque yo, como vos, como mis viejos, como todos, ¿sabés que quiero yo?, alpargatas quiero, y libros, libros también. Pero irrita, ¿sabés?, irrita que ante tanta miseria, tanto chorizo en el gobierno, los cinéfilos no puedan pensar en nada más que en un festival y en un canal de cable que es una bosta, loco… déjense de joder, muchachos, paseen un rato por el conurbano, este país está hecho de goma… y que quede claro: yo sólo salgo a la calle por la Amia, por la embajada, por los aprietes de los Fernández a los medios de prensa, por los tobas chagásicos, por el señor que duerme en la esquina de mi casa todo cagado e infectado, por las criaturas violadas que abren las puertas en Constitución… ¿soy cursi?, ok, sí, soy cursi.

    Entonces, con el ambiente cargado, empiojado y reventado, me levanté, empecé a caminar, solo hacia la entrada del parque, encendí un porro y le pegué una calada bien prooooofuuuundaaaaaa hasta que miré el cielo y creí ver al búho de Minerva levantar la majestad de su vuelo.

    Foto: Montes-Bradley

    Fuente: La Lectora Provisoria

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