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    Acerca de una frase de Tolstoi

    por Flavia de la Fuente

    Se fue Tomás. La adrenalina me subió a mil. Escribí un post dolorido y que no sé si estuvo bien. La ira y el dolor no son buenos consejeros. Al día siguiente, al sentir que mis dos opinators no estaban (Q estaba pero tenía que cerrar su columna semanal de Perfil) me puse los pantalones y escribí sobre un tema que tenía pendiente: el gobierno y el aborto. Pero no es mi estilo meterme en polémicas y menos de política. Soy una persona nerviosa y asustadiza. Suelo tener perfil bajo. Pero también soy orgullosa, obsesiva y ansiosa. Todo me lo tomo en forma compulsiva. O lo hago así o lo abandono. Con calma nunca. A medias, jamás. Es así. (Mientras escribo esto escucho los gritos de Tolstoi reprochándome por todos mis pecados). “Perdón, León. Trataré de templar mi carácter.” Pero es la verdad. Así fueron los primeros años de El Amante, así hice durante 4 años con Q el Bafici y también LLP. Todo al galope, sin pausa, con los nervios de punta. Hasta a mí misma me parece ridículo que viva como si fuese la jefa de redacción del New York Times y me digo: “Flavia, calma, es nada más que un blog. Solo tiene que servir para darte placer. Si no, no tiene gracia.” Hasta mi sobrina Vera de 10 años se burla de mí cuando le digo que tengo que trabajar: “Pero no es una obligación”, me dice. “Tía, si no te pagan no es obligatorio”. Y entonces monto en cólera por lo mal que educa mi hermana a sus hijos. Qué clase de moral es esa. Si no hay dinero no hay obligación. Y le empiezo a gritar a mi hermana. Y mi hermana me dice que ella no le enseña eso. Y yo le digo que sea quién sea que la educa, no puede ser que una niña de 10 años sea tan materialista y cínica. Que la mande a un reformatorio. Que mi adorada sobrina tiene que ser una mujer de bien. Como verán, estoy un poco sacada. Pero parece que hay poca gente como Q, Tomás o yo en el sentido de poder trabajar como chiflados sin una remuneración a la vista. Ahora nos está dando una mano Montes-Bradley que se porta como un amigo. Me llama y me alegra todos los días. Me manda posts porque sabe que así me tranquilizo. Trata de sosegarme aunque ignora que eso es imposible, porque apenas me conoce. El problema es que a mí solo me da placer hacer las cosas con mucha intensidad y que sean lo mejor posibles. Soy muy exigente conmigo y con los demás. En definitiva, soy una auténtica hincha bolas. “Never give up”, me llamaba Noriega. Es duro pero es así. Cargo con una cruz. Y soy una cruz para los que están cerca. Sufro cuando no hay notas, me peleo con Q porque mira mucho fútbol, cuando me voy de viaje se me arruina el turismo o el festival por la devoción con el blog. Vivo a las corridas cuando podría tener una vida muy tranquila y relajada como traductora y ama de casa. Pero no sé por qué demonios, tal vez sea el maldito modelo de TP, desde el principio se me puso en la cabeza que debía haber al menos una nota nueva por día. Y eso no es trivial. Y menos ahora que se fue Tomás. Tomás tiene muchas virtudes, y una de ellas es la disciplina. En cambio Q es un desastre. Mi marido es puro ello. Puede pasarse un mes frente a un televisor sin hacer nada. O a veces está ocupado porque tiene muchos compromisos de escritura para otros. En cambio, yo nací con un superyó que no se puede creer. Y sufro cuando no hay notas. Sufro mucho. Pero a veces no sé qué corno escribir. O sé de qué escribir pero no me sale la nota. Pero nunca me doy por vencida. Si estoy agotada y no tengo nada mejor, al menos mandamos una foto a modo de señal de humo. Pero, por suerte, no soy la única neurótica. No estoy sola en el universo. Otros sufren en lugares remotos por causas igualmente ridículas. Me acuerdo que el año pasado Q me contaba que a Raffo le pasaba lo mismo en los Trabajos Prácticos. Que cuando en un daily decía “1 day ago” Raffo empezaba a sufrir. Y cuando decía “2 days ago” cundía el pánico. En fin, no sé cómo seguirá esto. Hablando de TP, ayer nos escribió Walter, el que escribía de literatura china y nos preguntó si nos interesaba su aporte. Q y yo saltamos de alegría. El tipo es buenísimo. Ojalá que mande rápido una nota. Mejor dicho, mejor que ya esté apretando send y no se deje olvidado el attachment. Ya les dije que estoy un poco ansiosa. Pero ahora me tomo 1 mg de Xanax y supongo que algo me voy a calmar. Y si no me tomo otro miligramo y me doy un baño de inmersión. Creo que ayer batí el récord de ansiedad. Q me había prometido una nota. De pronto, me avisa que va a ver a las 4 al Barcelona y que la nota la iba a terminar a la noche. Casi me da un infarto. Pensaba: “Y por qué no me escribe primero la nota, graba el partido y lo ve después. La nota es urgente. Así no puede ser.” Les juro que ardía de furia. Estaba del tomate, estamos hablando de dos horas de diferencia en la publicación de una nota en un blog donde nadie nos corre. Pero, no hay caso. Por más que me tome 8 mg de Xanax por día y 0.50 de betabloqueantes, no puedo dejar de ser yo. Y yo soy una persona complicada. Soy una persona de opiniones fuertes pero en privado. Sí, tengo posiciones tomadas sobre muchos temas, pero no me animo a confrontar. Suelo ser una pusilánime. Hablo y hablo pero escribo poco. Y, de pronto, estos días, me transformé. Y hoy mi cuerpo me pide que pare. Así que decidí volver a leer al viejo Tolstoi, que siempre será mi maestro y que nunca se va a ir de un portazo. Lo más seguro es ser amigo de escritores muertos. Esos nunca te abandonan. Así que, mientras me hacen efecto los ansiolíticos, los dejo con algunas citas de lo que escribió Tolstoi en el año 1900.

     

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    Como si no fuera suficiente la existencia de personas que no pueden actuar mal, hay personas que no pueden entender que, actuando mal, actúan mal…

    La naturaleza me emociona hasta el enternecimiento: las praderas, los bosques, el trigo, los campos labrados, la siega del heno. Pienso que quizás sea este mi último verano. Pero, bueno, está bien.

    Cuando una persona tiene muchas obligaciones, menosprecia las obligaciones que tiene consigo mismo, con su alma, cuando en realidad son estas las únicas importantes. Pobres zares que se imaginan que tienen una cantidad enorme de obligaciones muy importantes.

     

     

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    El egoísmo personal es malo, y eso lo sabemos todos; el egoísmo familiar es peor, y con frecuencia no sólo no sabemos que es malo, sino que lo consideramos bueno; el egoísmo nacional es deleznable, y de él no sólo no tenemos miedo, sino que nos parece una gran virtud.

    Nuestros sentimientos por las personas las pintan a todas del mismo color: si las queremos, todas nos parecen blancas, si no las queremos, negras. Pero en todas hay negro y hay blanco. Busca en las personas queridas lo negro y, lo más importante, en las no queridas, lo blanco.

    Si quieres conocerte, observa de qué te acuerdas y qué olvidas. Si quieres saber lo que consideras importante y lo que no, observa qué olvidas y de qué te acuerdas.

    Un indicio de la perversión de nuestro mundo es que la gente no se avergüence de la riqueza, sino que se enorgullezca.

    Pensé que cuando uno no puede trabajar ni intelectual ni corporalmente, debe emplear todas sus fuerzas y toda su atención en cultivar el amor. Es un trabajo superior y siempre posible, aun en soledad: pensar en las personas con amor.

    ¿En qué creo entonces?, me pregunté. Y me respondí sinceramente que creo en que hay que ser bueno: someterse, perdonar, amar. En esto creo con todo mi ser.

    No estoy escribiendo nada, estoy dedicado a Confucio, y está muy bien. Extraigo fuerza espiritual.

    Pensé que el Parerga und Paralipomena de Schopenhauer tiene mucha más fuerza que su exposición sistemática.

    El artista, para poder influir en los demás, debe buscar; su obra ha de ser una búsqueda. Si ya lo ha encontrado todo, si lo sabe todo y adoctrina o se divierte deliberadamente, no ejerce ninguna influencia. Sólo si busca, el espectador, el oyente, el lector se unirán a él en su búsqueda.

    Leí los Sutras budistas. Muy bien.

    Leí La dama del perrito, de Chéjov. Igual que Nietzsche. Personas que no han elaborado en ellas mismas una concepción del mundo clara, capaz de distinguir el bien del mal. Antes dudaban, buscaban; ahora, en cambio, como piensan que están más allá del bien y del mal, se quedan de este lado, es decir, son casi como animales.

    Eva tentó a Adán, y siempre es así. Todo lo deciden las hembras…

    Fotos: Flavia de la Fuente

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